No he escrito mucho sobre esto simplemente porque me ha tomado mas de cuatro años poder encontrarle el lugar adecuado a esta memoria. Esa memoria de un dia de Junio en el que mi hijo amaneció con la cara hinchada, el ojo casi cerrado, fiebre subiendo minuto a minuto… un dia cualquiera, yo tenía que llegar a una reunión temprano, Trevor se quedaría cuidando a Santi esa mañana y luego iría a trabajar, el perro quería salir a pasear.
En ese momento llevábamos mas de seis meses en tratamientos odontológicos para tratar de salvar los dos dientes superiores de Santi que habían resultado con caries. Esos seis meses estuvieron llenos de lágrimas y reproches, mios y del odontólogo que no paró de culpar las caries tempranas a nuestra lactancia extendida. Santi tenía 18 meses pero habíamos estado intentando esto y lo otro para salvarle sus dientecitos desde los 12 meses cuando empezaron las caries.
Caries Tempranas o caries de la botella ( le llaman algunos). Puntos negros en los dientes que crecieron y crecieron a pesar de no haberle ofrecido a Santi ni el primer bocado de dulce (aparte del de su pastel del primer año) y de jamas haberle ofrecido fórmula. Hicimos hasta lo imposible: citas al odontólogo cada dos semanas por cuatro meses seguidos, medicina untada y tomada, restricción absoluta de dulces…eso si, hubo una cosa que no paramos de hacer y eso fue dar teta. Santi tomó su teta todo lo que le apeteció y pudo. En esos momentos decidimos que YO no podía seguir enfrentándome al odontólogo cada dos semanas mientras acusaba esas caries a nuestra lactancia, así que Trevor empezó a llevar a Santi al odontólogo durante el tratamiento intensivo esos cuatro meses mientras yo esperaba las noticias del progreso que nunca llegó.
Y un dia cualquiera…fiebre, hinchazon, emergencia, radiografias, llamadas por teléfono, lágrimas a cántaros. No había nada más qué hacer sino sacarle los dientes.

Y entre mi tristeza loca me reuní con la Doctora Alternativa que no hizo más que escucharme llorar y ofrecerme kleenex para secar el dolor que se escurría de mis ojos. Mi hijo, mi bebe…no podía imaginarme lo que iba a ser la cirugía para sacarle los dientes. La doctora me escuchó y luego con la voz mas dulce me dijo; “hiciste todo lo que pudiste: es hora de entregarte a lo que es”. Era el momento de aceptar que a veces, así uno haga todo lo que toca y debe las cosas no salen como uno quiere. Era el momento de soltar y entregar, de confiar que sacarle los dientes a Santi era el paso correcto porque ya simplemente no teníamos nada mas qué hacer. El día del procedimiento no pude acompañarlo porque el miedo no me dejaba parar de llorar, por primera vez en mi vida sentí pánico, de ese que se mete en la cabeza, la sangre y el alma, pánico que no me dejaba parar de llorar…Santi necesitaba fuerza y calma, y yo no tenía ninguna de las dos. Mi amada amiga me acompañó en esos momentos terriblemente largos en el parqueadero de la clínica mientras Trevor, como siempre, se encargaba de lo mas dificil y afrontaba esa prueba con su calma y serenidad reconfortante. Santi salió caminando, todavía hinchado y con lágrimas escurriendole por el cachete, seguí llorando mientras le ofrecí teta, tomó un buen rato. Luego volvimos a la casa…a seguir viviendo. Sin dientes.



La verdad es que fue un alivio no tener que ir al odontólogo cada dos semanas, la verdad es que, como siempre, la angustia pasó y volvimos a nuestra vida normal.
Cuando regresamos a Colombia ( hace ya tres años!!!) y Santi empezó el jardín, los amiguitos le preguntaban por sus dientes, Santi muy fresco compartía su historia o al menos lo que se acordaba de lo que le habíamos contado. Luego en el colegio la profesora sugirió que empezara Terapia de Lenguaje para ayudarle con la pronunciación de algunas sílabas, lo intentamos unas semanas pero en ese momento (hace un año) había demasiado pasando en la vida de Santi (entrada al colegio, nuevos horarios, nuevas rutinas, nueva hermanita!) y las citas con la fonoaudióloga estaban cargadas de drama. Luego de consultarlo con la terapeuta, quién después de evaluar a Santi decidió que no era era candidato para esta terapia, y de informalo a la profesora, quién insistió que Santi si lo necesitaba, tomamos la decisión de esperar.
Y de vez en cuando Santi me pide que le repita la historia de sus dientes de arriba, y me pregunta con sus ojos inmensos que cuándo es que le van a salir, luego a veces me dice que ya está cansado de esperar a que le salgan los dientes, y a veces me dice que un amiguito o otro se le burló en la cara porque no tiene dientes (suspiro).
La semana pasada luego de un día largo de colegio y un playdate, Santi se montó al carro y empezó a llorar. Entre lágrimas me dijo: ” yo todavía soy un ser humano, así no tenga dientes… y no me gusta que mis amigos me molesten y se burlen de mi…” (corazón partido en mil pedazos). Compartí su tristeza y pude escucharlo un buen rato, no le dí explicaciones, no traté nada, solo escucharlo, solo ofrecerle mi silencio y mi corazón abierto, un lugar seguro donde procesar eso que había pasado en el colegio. Hablamos de lo que sentía cuando se burlaban por sus dientes y luego de escucharlo hablamos de posibles respuestas a los comentarios hirientes. Las lágrimas pararon a su momento.
Al día siguiente llamé a nuestra odontóloga a preguntarle qué podíamos hacer ( mi alma de mamá tiene que sentir que busca soluciones!), la odontóloga sugirió un retenedor con dientecitos postizos que además ayudarán a hacer presión en el espacio vacío de su encía. Y sentí que había hecho lo que necesitábamos para solucionar el problemita. Cuando Santi llegó del colegio al otro día ya tenía todo listo para que fuéramos a hacerle el molde de su boca y mandar a hacer el retenedor. Todo listo. Menos Santi….que me miró (otra vez) con sus ojos inmensos mientras le contaba de mi plan y sin pensarlo ni un segundo me dijo: “Me gusta mi cuerpo como es y voy a esperar a que salgan mis dientes solitos, no te preocupes mami, yo puedo esperar!”. Y luego se volteó y se fue a hacer sus cosas.
Me quedé sentada con lágrimas escurriéndose sin querer, su respuesta sabia y honesta : le gusta su cuerpo como es y puede esperar. A veces todo lo que se necesita es simplemente escucharnos y abrir espacios para dejar sentir con libertad eso que tenemos en el corazón, sin necesidad de encontrar soluciones o respuestas. Escucharnos. Magia.
