estirando las alas

“deja que estire las alas y se abra al mundo, ella ya se recuperó, ya se mejoró, ella no se siente enferma de nada…para ella esto no es impedimento. Ahora es tu turno de creerle y dejarla volar”.

Con un nudo que se desenreda en mi corazón, escucho estas palabras. Esta vez en Cali, reunida con una amiga de mi mamá. Hemos hecho un viaje relámpago para reunirnos con ella y con otro ortopedista.

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El nudo ha estado en mi corazón desde que hemos tenido el dianóstico de Paloma, este nudo lo he sentido apretarse con cada noche despierta mirando a mi hija dormir atrapada en su aparato, se aprieta tanto que a veces no encuentro el aire, ni el sueño, se aprieta tanto que me exprime lágrimas a deshoras. Se aprieta tanto tanto que me ha hecho doblar la espalda.

A veces siento que  he perdido las puntas del nudo y no sé por dónde empezar a desenredarlo, pero igual, me despierto a prepararle la lonchera a Santi, a decirle adiós parada en el andén mientras cargo a Paloma y me seco una de esas lágrimas que salen sin querer. Luego hablo por teléfono, arreglo la casa, hago planes y proyectos, recibo visitas, le pido al perro que se baje del sofá: por favor, camino por el parque, hago citas, pico frutas, leo y beso cachetes. Como si nada. Pero hablo y no me escucho. Como hablando debajo del agua.

:: Magia.

Ella me llama y arregla todo para vaya a verla a Cali, quiere vernos y quiere que nos reunamos con un doctor que sabe mucho de estas cosas de la cadera. Quiere abrazarme y  también presentarme a una de sus amigas que trabaja con mamás y bebes. Un poco reluctante pero con el corazón listo empaco mis maletas y muy temprano beso a Trevor y me monto al avión con mis niños. Llegamos al calor y al amor. Llegamos a la finca  y con sudor en la frente saludamos a los perros y a la montaña, a los mosquitos, los gansos y el barro colorado.

Paloma empieza a gatear apenas la pongo en la cama, Santi se entretiene descubriendo palitos y gaticos. Yo me siento acobijada por el amor de mi mamá, me siento segura en sus brazos y en su cama, duermo bien por primera vez en meses.

 Al otro dia nos reunimos con el Dr. Daza que lleva años usando su tratamiento pionero en el tratamiento de displasia. El  no cree en la efectividad del uso de la  Férula o el Arnés y en cambio ha diseñado el Pañal  Mardaza que es un pañal con estribos elaborado en tela y que permite el movimiento de las piernas, el gateo y el caminado. Este hombre, ya entrado en bastantes años vive y transpira displasia, este es su tema, su cuento, lo que ha investigado y tratado con efecitividad por años. Nos muestra sus artículos y nos resume su teoría entre fotos y radiografías. Se tomaron las medidas del cuerpo de Paloma y se hicieron los arreglos para recibir el pañal la semana entrante y empezar el tratamiento con La Mardaza. Santi estuvo sentado jugando con su Ipod y observando todo con sus ojos inmensos entre juego y juego. Testigo silencioso de este recorrido, mi hijo- compañero.

 Salimos llenos de esperanzas y con ganas de comer algo. Mi mamá me pregunta que si quiero botar la Férula a la basura y le respondo que todavía no, en mi corazón siento que el nudo empieza a desenredarse.  Tal vez pronto tire esa férula a la basura. Estoy contenta.

Entre cita y cita jugamos con los animales, escuchamos música, charlamos, visitamos a mi sobrina y nos despedimos de este espacio que ya no será habitado por mi mamá y su amado dentro de unos dias ( se van a construir la casa de sus sueños). Este lugar hermoso y lleno de tantas historias, también siento algo de nostalgia, sé que mi mamá también quería que Paloma conociera este lugar y que viniéramos a despedirnos.

Cuando nos despertamos escucho a mi mamá entrar al cuarto,  la veo sabia, radiante y hermosa, ella me dice que hay un mensaje detrás de todo esto, que ella también lo está buscando, que todavía no sabemos cuál es el propósito de esto. Sé que ella siente lo que yo siento y que sabe lo que siento sin tener que contárselo, sé que ella sabe de mi nudo en el corazón y le duele. Después cuando llega el silencio miro todo y por primera vez se callan los ruidos y con claridad escucho la letra de las canciones que me pone mi mamá:

“…a veces siento que me muero y me llega el amor, y a veces siento que me entrego y me llega el amor, y a veces siento que no hay calma y me llega el amor, que tengo miedos en el alma  me llega el amor y cuando dejo de luchar…me llega el amor…”

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Entramos al consultorio de la amiga, el espacio es amplio y alegre. Paloma empieza a gatear en las colchonetas en el piso y Santi se sienta en la silla mecedora a jugar con plastilina mientras nos reunimos. Hablamos y nos escuchamos. Hablamos de lo que pasa con Paloma, de su cuerpo y de su alma. Ella me asegura que Paloma está lista para volar y estirar las alas, que esto que pasa no está impidiéndole seguir su camino de descubrir el mundo. Hablamos del hilo invisible entre las mamás  y los hijos y de como yo tengo que entregarle a Paloma esta sanación, dejar de esconderme en el miedo, porque ella lo siente. Yo sé de ese hilo, lo siento con mi mamá y mis hijos. Santi está atrás jugando, mirando, escuchando, acompañando. Me siento plena y llena. Me siento empoderada y entendida. Cantamos y nos reimos.

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Cuatro dias encontrándonos. Cuatro dias para sentir el cambio y para sentir el poder del amor. Para sentirme, otra vez, parte de algo inmenso, parte de un misterio y de una certeza.

He encontrado las puntas  del nudo y siento que me abro. Que la coraza en el corazón empieza a caerse. Que me abro a lo que viene, a esta sanación que va a pasar y al recorrido que vamos hacer mientras llega. Me abro a sentir el amor de los que nos rodean y  me alisto para yo también abrir las alas y sin miedo volar con mis hijos.

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