Nerviosa por primera vez en mucho tiempo abrí el sobre con el reporte de radiología. Paloma lo había tirado al piso apenas me lo entragaron así que alli mismo, agachada y con mi niña en los brazos abrí el sobre mientras las manos me temblaban.
Números y ángulos. No entendí los detalles pero entendí suficiente para saber que la coasa no pintaba bien. Me levanté del piso, besé a mi niña y salí de la oficina tragándome esas lágrimas gruesas que hasta se sienten en la garganta. Teníamos cita al pediatra y ya íbamos tarde.
La pediatra me miró con cara preocupada y me dijo que aunque ella no era ortopedista estaba casi segura que iba a ser recomendado que cambiáramos el plan de tratamiento. Llorando le pregunté que si eso significaba usar el arnés de Pavlik o enyesar o cirugía? “No sé Ximena” me dijo calmada y mirándome con tristeza. “Solo sé que el éxito de los tratamientos de displasia es muy alto y que la cirugía es absolutamente el último paso. Están en el mejor lugar para encontrar el tratamiento. No te preocupes”. Y seguimos con la consulta como si nada.
Así que acá estamos, aturdidos con números y ángulos, esperando a que llegue mañana. Intentando cambiar planes a largo plazo, mandando emails y pegados al teléfono.
Yo? bueno yo no puedo pensar bien, solo puedo sentir. Miro a mi niña y me la imagino sin poder moverse usando ese arnés. Siento tranquilidad sabiendo que tenemos un buen doctor, que estoy en casa y puedo cuidarla todo el dia. Pero también tengo el alma arrugada, la cabeza empantanada y las manos frias.
