48 horas para cambiar El plan. El plan de irnos de Colombia y regresar a nuestra casa en Portland. Bueno, esta también es nuestra casa, acá y allá, dos casa, dos paises, dos mundos, dos familias. Es complicado y simple al mismo tiempo, en fin…
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De repente nada importa, ni el aire limpio, ni los paseos en bici, ni la huerta en la casa, ni las calles sin trancones; Aplazar el viaje otro año es algo que decidimos casi que sin tener que hablarlo. Nos quedamos hasta que los huesitos de Paloma estén formados y su cadera y femur se encuentren, se moldeen y se articulen. Bogotá es donde están los doctores y mi familia, donde tenemos ayuda por montones y eso es, en este momento, lo que necesitamos.
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El doctor me saluda amable y con sin mucho más me pide las radiografías. Las mira sin expresión alguna y me dice que aunque no vamos como queremos ( los ángulos no han cambiado) vé que hay un poquito de cambio. Le pregunto que si le preocupa que la maduración esté lenta y me responde con seguridad: “para nada, vamos despacio pero vamos”. Me dice que sigamos usando la férula las 18 horas al dia y que la siga usando en el cargador lo que mas pueda, me consuela y me cuenta algo mas de la incidencia de displasia en la población latina y en las ciudades de clima frio. Este señor sabe bastante y le gusta compartirlo. Este señor cree en el uso del portabebes y en la importancia de la cercanía materna, este señor me habla de antropología, geografía, historia. Este señor habla mi idioma, le entiendo, me entiende y le creo. Me asegura que para él, en este momento no hay razones para cambiar el tratamiento así otros doctores estuvieran tomando otro plan de acción. Como para cerrar con broche de oro me pregunta que cómo se siente mi esposo con todo esto, ” el está tranquilo como siempre” le respondo con una sonrisa. Y por dentro me siento agradecida por su pregunta porque me demuestra que entiende que esto es un asunto de familia. Estamos en buenas manos.
48 horas para llenarnos de temor y luego esperanza, para cambiar planes y hacer llamadas. Vamos despacio pero vamos bien. Eso es lo único que importa.

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Y mientras esperamos que los huesos sigan su proceso aprovechamos este cambio de planes para sentirnos inspirados con este presente, así que barremos y abrimos ventanas, botamos juguetes, estrenamos lo que teníamos guardado, movemos los muebles y pensamos en el jardin que podremos cultivar en el balcón. Nos reencontramos con lo que tenemos y aceptamos con alegria y brazos abiertos lo que nos viene.
